Opinión

Por qué la nacionalización del litio en México es una victoria para la democracia real (y cuatro conclusiones sobre la disputa legislativa)

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Ante este panorama, López Obrador mandó el mismo domingo al Congreso su propuesta para nacionalizar el litio, que solo necesitaba una aprobación por mayoría simple. En doce horas había un nuevo debate, pero gran parte de la oposición –bautizada en redes sociales como la “bancada Iberdrola”– al carecer de argumentos, decidió abandonar el recinto legislativo. Esto no fue impedimento para que la iniciativa fuera discutida y aprobada por la mayoría de los representantes populares.

Esos son los hechos simples y llanos. Pero los significados y, sobre todo, las consecuencias de los actos tienen un alcance mucho mayor. Queda claro que en México conviven dos proyectos distintos y contrapuestos de nación. Uno nacionalista y popular que defiende la soberanía energética del país y otro, conservador y entreguista, que protege los intereses económicos de empresas extranjeras y nacionales sobre el bienestar común.

También, nos hemos enterado las y los mexicanos que, al parecer, una de las principales razones por las que el PRI estuvo en contra de la soberanía energética era porque pretendía intercambiar un puñado de votos en el Congreso por alguna gubernatura de las que estarán en disputa en unos meses. Acuerdos así eran típicos en la “democracia pactada” y la simulación que hacían las élites políticas en México durante el neoliberalismo, donde se acordaba en privado y de espaldas al pueblo.

Javier Buenrostro, historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México y McGill University.

Javier Buenrostro, historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México y McGill University.
Aunque lo deseable para los intereses nacionales es que pasara la reforma eléctrica, la nacionalización del litio y ciertas resoluciones de la Suprema Corte sobre la constitucionalidad de lo aprobado hace un año, equipararon las pulsadas legislativas.

Esta vez no fue así. Y aunque la oposición y algunos editorialistas consideran que este es el revés más importante para la administración de López Obrador, es un triunfo para la democracia real. Y es que aunque lo deseable para los intereses nacionales es que pasara la reforma eléctrica, la nacionalización del litio y ciertas resoluciones de la Suprema Corte sobre la constitucionalidad de lo aprobado hace un año, equipararon las pulsadas legislativas.

Pero a mediano y largo plazo habrá un perdedor claro: el PRI. El PAN no perderá votos por su decisión de apoyar a las empresas extranjeras. Los conservadores siempre han sido entreguistas, desde el siglo XIX cuando a pesar de la independencia de México seguían insistiendo en que querían una monarquía dirigida desde Europa. Eso suscitó el corto pero indeseable episodio en la historia de México donde Maximiliano de Habsburgo fue declarado Emperador. Ya en el siglo XX, la derecha constituyó al PAN en 1939 como respuesta contra la nacionalización del petróleo hecha por Lázaro Cárdenas un año antes. El conservadurismo mexicano carece de patriotismo. No tiene principios, tiene intereses.

El PRI en cambio tiene todo que perder. La traición al pueblo de México y la defensa de las empresas extranjeras lo dejan en una posición difícil. Antes de esto, las encuestas indicaban que iba a perder las cuatro gubernaturas que tiene entre 2022 y 2023. Habiendo perdido la brújula y la narrativa, ahora más que luchar por ganarlas, tendrán que buscar que no se desplome su votación. Pero pasará de todos modos. Y esos votos, de clases populares y rurales en su mayoría irán a parar a Morena, no al conservadurismo mexicano. 

Así, el PRI llegará a 2024 sin un solo gobernador, sin la maquinaria de Estado que es lo único que sabe utilizar en los procesos electorales y muy probablemente hasta sin candidato presidencial en caso de ir en coalición con el PAN y la derecha mexicana. Del todopoderoso partido de Estado del siglo XX, solo quedarán un puñado de diputaciones y quizás un par de senadores. El dinosaurio priista ya caminaba a la extinción antes del domingo pasado, pero el haberle dado la espalda a una reforma con un respaldo popular del 70-80 por ciento, fue el meteorito que los borrará de las contiendas electorales venideras. Ahora son, solamente, un satélite del conservadurismo.

Estas son las conclusiones de la disputa legislativa más importante del sexenio de López Obrador:

  1. La reforma eléctrica no pasó, pero ya adelantó López Obrador que este será uno de los temas más importantes para la contienda presidencial de 2024 y que cualquiera que sea la candidata o candidato de Morena deberá insistir sobre ella, es decir, estamos en una pausa.
  2. La nacionalización del litio sí paso, lo que garantiza que México será el único beneficiario en el futuro de la explotación de este mineral tan valioso.
  3. El PRI es el gran perdedor porque se ha desdibujado y perdido, tanto en la narrativa como el rumbo, y se extinguirá casi totalmente en 2024. 
  4. Morena está en todas las encuestas como favorito para las elecciones presidenciales y, con el desplome del PRI, lo único que hará es ampliar esa ventaja. Es muy probable que el domingo no haya tenido la reforma eléctrica que quería pero pudiera haber asegurado el triunfo de 2024.

@BuenrostrJavier

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.

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