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Así quedó el Parque Nacional de Bogotá tras el desalojo total de los indígenas que permanecieron allí por casi 8 meses

Así quedó el Parque Nacional de Bogotá tras el desalojo total de los indígenas que permanecieron allí por casi 8 meses

Pertenencias de los indígenas que permanecieron cerca de ocho meses en el Parque Nacional de Bogotá, 7 de mayo de 2022. AFP

Basura, albergues improvisados destruidos, árboles caídos, juguetes, ropa y comida en el suelo: así quedó el Parque Nacional de Bogotá luego del desalojo total por parte de las comunidades indígenas que llevaban cerca de ocho meses acampando en el lugar.

El jueves, los últimos 792 indígenas emberá se trasladaron de manera voluntaria a la Unidad de Protección Integral del Parque la Florida, en el oeste de la capital colombiana, donde cuentan con mejores condiciones sanitarias, mientras que otros aceptaron regresar a sus territorios, indicó la Secretaría Distrital de Gobierno de Bogotá.

El desalojo total de la zona se consiguió tras alcanzar la semana pasada una negociación entre las comunidades y el Gobierno de Colombia. Entre los temas acordados se incluye la participación de los indígenas en la política pública, el regreso a sus territorios en condiciones de seguridad, así como el apoyo económico para la financiación de proyectos productivos.

Luego de la salida de las 15 comunidades indígenas, se iniciaron labores de limpieza en el parque ubicado en el centro de la ciudad. Tras la jornada de barrido y desinfección que adelantó la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (Uaesp) a lo largo del viernes, se evidenciaron grandes cambios en el lugar.

“¡Completamente limpio! Así quedó el Parque Nacional después de 20 horas de trabajo, en las que logramos remover 9️0 toneladas de residuos y adelantar labores de barrido, lavado especial y limpieza de zonas verdes”, indicó la entidad.

Ocho duros meses

Durante los ocho meses que duró la reivindicación indígena, los participantes en este acto de protesta padecieron condiciones extremas. Familias completas se ubicaron en tiendas de campaña sin luz ni servicios básicos. El agua, utilizada para beber, cocinar o tareas de higiene y limpieza, era obtenida de un solo grifo que surtía de agua no potable. En esas condiciones también tuvieron que soportar las fuertes lluvias que estuvieron azotando la capital colombiana.

Entre los integrantes del campamento improvisado se encontraban casi 600 niños, que durante todo este tiempo no recibieron educación. Además, dos pequeños fallecieron, mientras que tres nacieron en esas condiciones. Tanto menores de edad como adultos sufrían de problemas de desnutrición: la comida estuvo escaseando, dependiendo únicamente de donaciones y actos de solidaridad.

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